El famoso gurú de la publicidad del s. XX, el creativo inglés Paul Arden, explicaba en su libro It’s Not How Good You Are, It’s How Good You Want To Be” que un despido podía ser algo muy positivo para tu carrera. Lo argumentaba diciendo que cuando se despide a alguien es porque no hay un entendimiento entre la empresa y esa persona, ergo, ese trabajo no era el más adecuado para la persona, ni la persona para la empresa. Además añade que a él le habían despedido nada menos que 5 veces, y que siempre había servido para dar un paso adelante, pues le había hecho reflexionar y no caer en los mismos errores.

A mí de momento, también me han despedido 5 veces:

Una vez por un reajuste de personal en una agencia de pubicidad al perder una gran cuenta, otra por divergencia de opiniones con un mando superior en la manera de llevar un proyecto o una muy sonada, en el 2007, por tener una visión muy personal sobre las horas que tenía que hacer en la oficina una vez hechas millones fuera de ella. Todos estos casos y otras cosas que han pasado pero que no han llegado a despido me han servido para conocerme mejor, y por ende, para mejorar en mi vida profesional. ¿Por qué? pues porque pensándolo bien, en realidad no ha habido ni un despido que en el fondo no lo hubiese provocado yo.

En una empresa donde no hay posibilidad de promoción y lo importante es cumplir unas horas, mi motivación, una vez adquirida la experiencia, baja al nivel de una ameba.

En la típica empresa sólo dirigida por hombres donde las mujeres están para decorar y hacer el trabajo duro de logística, ídem.

Cuando caigo en sitios así me acuerdo de la famosa e irritante frase de los alquimistas: “Juego de niños, trabajo de mujeres”.

Además de tener alergia a calentar sillas, gusto por los objetivos y afán de creatividad, también he descubierto estos años que detesto no ser pagada en relación a la responsabilidad que se me exige. Mi tiempo, mi experiencia y mis contactos, valen mucho dinero. Y ese fallo hace que pierda bastante interés y preocupación por el proyecto.

De haber sido despedida me quedo con las conclusiones extraídas tras muchas horas de reflexión, sobre lo que puedo dar y lo que no. Lo que me interesa de un trabajo. De mi actitud con los demás. De para qué tipo de persona quiero trabajar. De la dimensión de la empresa. También he aprendido a hacer preguntas clave en una entrevista de trabajo. A poner condiciones y límites, y sobretodo, estoy aprendiendo a decir “no” antes de equivocarme de sitio.

 

* Tan importante encontraba Paul Arden lo de haber sido despedido, que apuntillaba el texto afirmando que en la actualidad hay cazaejecutivos que lo encuentran una ventaja, pues lo consideran iniciativa por parte del trabajador.