Una relación simbiótica es un fenómeno que se da en la naturaleza y se refiere a cuando dos organismos, de diferentes especies biológicas, tienen una relación cercana, persistente e intensa en el tiempo en la cual ambas salen beneficiadas.

La palabra simbiosis viene del griego, de “syn” que significa “con”, y “biosis” que significa “vivir”.

El ejemplo clásico es el del pez payaso y la anémona. La anémona, venenosa para la mayoría de peces, no lo es para este pez, permitiéndole vivir entre sus tentáculos, anidar y protegiéndole así de sus depredadores. A su vez, el pez payaso protege a la anémona de los peces mariposa que se alimentan de ella y de otros depredadores pequeños, de los que la anémona no puede defenderse.

Es un win-win. Perfecto, en términos de economía.

En el apasionante mundo de show business (cinematográfico y otros) tenemos al artista, que quiere hacer su proyecto (audiovisual o no), y al productor, un tipo de empresario especializado al que le interesa llevar a cabo y rentabilizar ese tipo de producto.

Uno quiere hacer llamadas, financiar y tiene la habilidad de vender y el otro, es más de concentrarse a crear a poder ser, sin ser interrumpido por mundanales preocupaciones.

Uno es más Steve Jobs y el otro, Stephen Wozniak.

Una relación simbiótica de tipo mutualista es al 50%. Tú ganas, yo gano.

Tú tienes una idea para hacer un libro, yo busco la imprenta, al grafista y las reuniones con la editorial. Luego repartimos el beneficio según lo pactado al inicio.

Esta sería un tipo de relación sana entre artista-empresario.

Por desgracia, en la naturaleza y en la realidad, se dan dos tipos de relaciones simbióticas menos saludables:

El Comensalismo. Cuando una parte sale beneficiada y la otra se queda igual que estaba.

Y por último, la peor: el parasitismo, que es cuando una de las partes usa a la otra para sobrevivir, saliendo una especie muy beneficiada y la otra, perjudicada.