El año pasado, al final de una conferencia en el “Ciclo de Cine Low Cost”,  donde paradójicamente presidian la mesa la productora Belén Atienza y el cineasta J.A. Bayona (responsables de “Lo Imposible”, con un presupuesto de 30 millones de euros) solté el titular de mis ideas para salvar al cine español:

Bajar las entradas del cine patrio a 3€ todos los días y sesiones de la semana.

La que se armó.

Que si eso es denigrarlo respecto al resto del cine.

Que si entraríamos en una política de  películas de clases y castas.

Que si nunca jamás podría pasar porque sería la ruina de los cines.

En fin. Casi me echan.

La idea estaba enfocada a devolver el público a las salas.

A adquirir de nuevo la maravillosa costumbre de ir al cine.

Solo, acompañado, un lunes, un viernes, a ver una o incluso dos pelis seguidas. La idea es dar a conocer, poco a poco, los nuevos directores y temas que están surgiendo, de manera que por sistema, se prefiera arriesgar porque “sólo vale 3euros” que quedarse en casa y bajarse la última superproducción de turno.

La propuesta se basa en que el gobierno tendría que dedicar parte del prespuesto asignado a la cinematografía a subvencionar esos tickets de cine español. Así se paga a exhibidores y distribuidores la diferencia y los números quedan iguales para ellos.

¿Habría entonces menos dinero para las otras ayudas de primera vía? Sí. Cierto. Pero a corto y medio plazo habríamos recuperado el público. Y a largo plazo ayudado a recuperar toda una industria.

La gente estaría más al día de directores y actores españoles que de americanos.

Podría haber un día o una sesión dedicada a producciones low cost porque seguramente tendrían público y por lo tanto, distribución y acceso a ayudas de amortización.

Y lo mejor, ¿para qué bajarse películas y verlas mal en un ordenador cuando puedes estar haciéndote unas risas con más gente en el cine de al lado de tu casa?

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Me acordaba el otro día de que mi padre me explicaba que de adolescente iba todos los viernes a ver dos películas al cine del pueblo porque era muy barato. Le brillaban los ojos mientras me lo decía.

Y yo durante tres años fui cada día a los cines Ycaria con un carnet de periodista falsificado. Llegar a hacer ese carnet ha sido una de mis producciones más logradas.

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Hagamos de ir al cine una costumbre, no una excepción y podremos volver a hacer y ver buenas películas.